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Enfermedades Crónicas
Alimentación en el Adolescente Diabético


L.N. Lorena Berenice Ordoñez Méndez

La diabetes mellitus es un síndrome caracterizado por el aumento de los niveles de la glucemia asociado a otros trastornos metabólicos que puede producir complicaciones serias en órganos blanco (ojos, riñones, corazón, etc). Su tratamiento requiere un enfoque multidisciplinario en dónde el manejo nutricional ocupa un lugar sumamente importante.

La intervención nutricional de la persona con diabetes tiene como principales objetivos:
· Lograr que el paciente tome conciencia y esté dispuesto a hacer los cambios que sean necesarios en su alimentación y actividad física para mejorar su estado nutricional y mantener el control de la diabetes mellitus.
· Estimular al paciente para que practique los principios básicos de una alimentación saludable, lo cual incluye una correcta orientación alimentaria.
· Propiciar la modificación progresiva de sus hábitos de alimentación, haciendo un cambio a la vez, empezando por aquellos que tengan una mayor probabilidad de éxito (ordenar horarios de comida, aumentar el consumo de frutas y verduras, preferir el consumo de agua en lugar de bebidas azucaradas, reducir el consumo de sal, etc.); implementar la “espiral del cambio” puede resultar una estrategia eficaz para reducir las recaídas. 
· Favorecer una alimentación variada y equilibrada utilizando los conceptos de los grupos de alimentos, las porciones e intercambios en lugar de las prohibiciones estrictas.
· Enseñar maneras de reducir el consumo de grasas, principalmente saturadas, así como la disminución en el consumo de azúcares simples a través de las técnicas de cocinado (asado, horneado, hervir, escaldar, cocinar al vapor, cocción en olla a presión, etc.)
· Orientar sobre el significado del etiquetado nutricional y la denominación de los productos dietéticos.
· Finalmente, es indispensable identificar situaciones que pueden producir hipoglicemia para actuar en forma preventiva.

Los requerimientos nutricionales de los adolescentes diabéticos no difieren demasiado de las de la población general, el aumento en el porcentaje del consumo de ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados, así como la disminución en el consumo de grasas saturadas y trans, de sodio y de azúcares simples forman parte de una dieta saludable, por lo que pueden ser aplicables para el paciente diabético que se encuentra bajo un esquema de control glucémico.

Es necesario que la alimentación no varíe drásticamente de la del grupo familiar, pues el involucrar a la familia estimulando el consumo de una alimentación saludable que incluya todos los grupos de alimentos en las cantidades y frecuencia apropiadas a las necesidades individuales resulta una de las estrategias clave para mejorar el apego al tratamiento nutricio.

Para realizar el cálculo energético o calórico resulta indispensable considerar la presencia de co-morbilidades y el esquema de tratamiento farmacológico ya sea con hipoglucemientes orales o con insulina evitando largos períodos de ayuno que pueden poner en riesgo la vida del paciente.

Una restricción estricta puede desencadenar resistencia por parte del paciente y, por tanto, altas  posibilidades de trasgredir la dieta recomendable, el objetivo es reducir progresivamente la ingesta de azúcares refinados o hidratos de carbono simpes al 5% favoreciendo el consumo de hidratos de carbono complejos y un mínimo de 30 g/día de fibra dietética; favorecer el consumo de grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas para lograr que su aporte sea equivalente al 10 % de total de grasas.

Las principales fuentes de grasas monoinsaturadas son el aceite de oliva y el aceite de canola, el aguacate, las nueces como almendras, castañas, cacahuates, las aceitunas, la crema de cacahuate, así como las semillas de ajonjolí; por otro lado, las principales fuentes de grasas poliinsaturadas son los aceites de pescado, azafrán, girasol, maíz y soya, también están las nueces, las semillas de calabaza, la margarina suave y algunos aderezos para ensalada.

Resulta de gran relevancia reconocer el papel de los profesionales de la salud y, especialmente, de los nutriólogos en la atención de los pacientes adolescentes diabéticos y en la comunicación correcta de los mensajes a favor de una alimentación y de estilos de vida más saludables a través de la implementación de un tratamiento nutricio individualizado eficaz el cuál tendrá un impacto definitivo en la respuesta al tratamiento farmacológico.

Referencias bibliográficas
Asenjo, Sylvia et al. Consenso en el diagnóstico y tratamiento de la diabetes tipo 1 del niño y del adolescente. Rev. chil. pediatr.,  Santiago,  v. 78,  n. 5, oct.  2007.   Disponible en <http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0370-41062007000500012&lng=es&nrm= iso>. Accedido en  16 – 07 -  2010.
Casanueva E, Kaufer-Horwitz M, Pérez-Lizaur AB, Arroyo P. Nutriología Médica. 2a edición. Editorial Médica Panamericana. México 2001.
Mahan L K, Arlin M T. Krause Nutrición y dietoterápia. 8a edición. Nueva Editorial Interamericana. México 1995.


Fuente:
www.asociaciondenutriologia.org



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